Por el verano de 1991, en una fracción de un garage
subterráneo de Montevideo, en el barrio Malvín,
al lado de un volkswagen Gol celeste y una lámpara
de pie envuelta en un pañuelo rojo, empezábamos
como trío. Rafael Clavere (percusión con
pinceles y frascos), Gustavo Antuña (guitarra criolla)
y Pedro Dalton (gritando al aire), en un atardecer casi
melancólico. Fue el día que descubrimos
que existía la posibilidad de exterminar el aburrimiento
dominical de este pueblo-ciudad plagado de mataoportunidades.
Fue el día que se cargaron nuestras baterías
con magia sin magos. Luego de ese atardecer, Marcelo nos
acompañó junto a Beto Faig (bajo) a tocar
en una sala de ensayo del barrio Cordón Sur y conocimos
eso de erizarse con los ojos cerrados. Después
de esta gloriosa tarde continuamos ensayando como trío
y con una pareja como audiencia, la cual soportaba durante
dos horas zapadas de canciones como Love me two times
(Doors) I wanna be your dog, Loose, Dirt (Stooges) y alguna
composición nuestra que duraba entre 15 y 20 minutos
según el porro. Álvaro, el integrante masculino
de la pareja, quien carecía de conocimiento del
instrumento, fue invitado a tocar el bajo y de inmediato
toma nociones básicas con Gabriel Barbieri (Chicos
Eléctricos, Motosierra) quien a veces se juntaba
con nosotros para darle unos graves a los ensayos. La
banda comienza a solidificarse como cuarteto, y, con un
Marcelo pivoteando entre Cadáveres Ilustres y Buenos
Muchachos, aparecemos en escena en un cumpleaños
el primero de febrero de 1992 en la casita de Solymar
de Álvaro y Adriana ante cuarenta amigos (algunas
voces se pueden escuchar en "camino del bebedor"
bonus track de Aire rico). A partir de este día,
tocamos, gozamos, sufrimos y perpetramos los distintos
repertorios en diversos escenarios locales, y desde el
'99, también en Buenos Aires.
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